Editor · 05:08
III
Ayúdame, escúchame, quiéreme,
mírame, admírame, dame tus contactos,
concédeme las horas que te pida
y adiós
hasta la próxima
de dame, quiero, yo,
estuve con, estuve aquí, original:
Eso es lo que dicen todas las cartas. O casi todas.
Porque también están, por eso se soporta
la voz con fondo
el corazón con
la sangre
las palabras
siempre ellas
adjuntas a quien sea y como sea,
el vicio, en este caso mío, de publicarlas
por una apuesta
de diez mil contra uno
que es, generalmente, derrota.
Pero la belleza merece eso y más. Y la inteligencia, casi.
Así que ayudo, escucho, simulo querencia,
o ayudaba, escuchaba, simulaba querencia
hasta que dije
eh
y sólo oí mi eco
y no vino nadie
y me entró la risa.
— Jesús Gómez Gutiérrez
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