Ja · 16 febrero 2012, 15:36

Leo que la revolución no es posible; leo que lo es pero en lo ontológico; leo que si la correlación de fuerzas, siempre negativa; leo que se hace agitando un flan; leo que es un clima, una coherencia, un conócete a ti mismo y, por la cátedra, un pasamontañas. En mi opinión, hoy hace buen tiempo y a tu madre le gusta el bingo. Y no tengo más opinión. Es decir, la tengo; pero no procede.

Afortunadamente, hay otras cosas. Se pueden buscar las grandes palabras en cualquier parte. Se puede hacer una fiesta desde la exclusión a pesar de la exclusión y repartir algunas líneas, por si ayudan. Se puede insistir, resistir, crear, ser sin un solo gramo de oxígeno en los pulmones y, desde luego, en el callejón más estrecho. Basta con recordar que la justicia es un fin en sí mismo. Y la belleza. Que todo lo que no nace de abajo, es absurdo. Que todo lo que no busca el abajo, es idiota.

A mi barrio, el barrio donde crecí, llegaba mucha gente con definiciones de revolución; hacían turismo social y salían con más definiciones de revolución. Nunca hicieron ninguna. No tenían motivos en las venas. No se habían bañado en el fondo y, por tanto, nunca supieron que la revolución siempre ha sido posible; pero no así, con palabras de enca-je y bara-ja vie-ja.


Madrid, febrero.


— Jesús Gómez Gutiérrez

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