Paisaje · 01:36

«Ni un pelo de punta.»

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— Jesús Gómez Gutiérrez

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La voz · 15:02

«Será cierto que hay»

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— Jesús Gómez Gutiérrez

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El no irlandés · 05:20

Es lógico que un sector de la izquierda europea se alegre del no irlandés al Tratado de Lisboa; si alguien necesitaba salir de dudas sobre la deriva de la UE, las directivas de inmigración y jornada laboral le habrán aclarado las ideas. Pero de ahí a interpretar la postura irlandesa como una actitud de progreso o siquiera acorde a un malestar vagamente crítico, como se está haciendo desde determinados partidos y tribunas, va un mundo. Porque se piense lo que se piense del Tratado, ese no es propiedad de la derecha.

Muchos estarán de acuerdo en que uno de los grandes problemas de la Unión es nuestra incapacidad de formar bloques políticos de alcance europeo que actúen con criterios europeos. Sin ir tan lejos, hasta las elecciones al Parlamento tienen un vicio de origen; el planteamiento general favorece que los electores voten con la vista en el contexto de su país y no en el que supuestamente se les propone. Y el día a día de la Unión está tan lejos del ciudadano medio que ella misma contribuye a extender el desinterés, la desconfianza y el desconocimiento que otros, muy interesados en el fracaso de Europa, se encargan de alimentar.

Tengo por aquí algunos de los argumentos que se han utilizado durante la campaña del no, y que se eliminan convenientemente en el cuento de hadas de la interpretación progresista. Se ha dicho que el Tratado impondría el aborto libre y la legalización de la prostitución a la católica Irlanda. Se ha dicho que las leyes de la Unión pondrían en peligro el éxito económico irlandés, basado en un sistema tributario donde las empresas no pagan un céntimo. Se ha dicho, incluso, que los irlandeses serían llamados a filas en un futuro ejército europeo. Miedos muy progresistas, como ven. Y eso, sin entrar en la presión de EEUU. Cuando encuentren masa gris, nuestros izquierdistas podrían explicar qué hacían personajes como John Bolton, alto cargo de George Bush, participando en la campaña: «No entiendo que la gente dé más poder a los burócratas», «el Tratado pone en peligro la existencia de la OTAN». Etcétera.

No, desgraciadamente no estamos ante un triunfo de los trabajadores o un golpe a la Europa del capital, por utilizar dos expresiones fantásticas de la fantástica, por fuera de la realidad, Izquierda Unida española. Bien al contrario, el no es una vuelta de tuerca hacia la derecha más dañina, la que busca congelar el proyecto europeo. Pero eso no quiere decir que el resultado del referéndum no pueda tener consecuencias positivas. Una de ellas sería, desde luego, que Gran Bretaña se sumara a sus primos y se autoexcluyera de la UE, con lo que de paso se facilitaría la evolución de ciertas marionetas del este. Otra, que se afrontara la reforma del Consejo. O sin soñar con imposibles, que la socialdemocracia tome nota de una vez y empiece a trabajar en serio para recuperar la mayoría.

Cuando hablamos de la Unión como una estructura al margen de la democracia o por encima de ésta, mentimos y nos engañamos miserablemente. Su déficit democrático es indudable, pero en última instancia procede de nuestro voto a través de los Ejecutivos nacionales o del Parlamento. Somos nosotros, los ciudadanos, los que hemos dibujado un mapa dominado por gobiernos de derecha. Si queremos otro camino, tendremos que hacer otro camino: pensar como europeos.


Publicado originalmente en La Insignia, de España.
Madrid, 18 de junio.

— Jesús Gómez Gutiérrez



Comentarios


  1. Muy bueno tu análisis sobre el no de los socios irlandeses, quizás el mejor que he leído con el de Raimon Obiols.

    p.c., deberías echar un vistazo a la andanada que te suelta SLA desde la voz de su amo.

    Salud,
    juanma

    — J.H. · 20 junio 2008, 20:47 · #

  2. Gracias a ti por el elogio, Juanma, aunque exageres. Obiols es una referencia obligada para cualquiera que quiera entender algo de nuestra querida UE. No hay tantos autores (ni mucho menos, políticos) de quienes siempre se puede aprender.

    En cuanto a la andanada, no la he leído y no voy a perder el tiempo con ella. Ya lo perdí bastante con ese medio al que defines tan acertadamente. Pero diga lo que diga, a SLA le honra lo de hablar de voz alta y en público, a diferencia de sus muchos amigos que lo hacen a oscuras, entre bastidores, con presiones y hasta con llamaditas telefónicas para ver si consiguen cargarse a los “traidores”. Así están como están.

    Otra cosa, claro, es la relación peculiar que se establece entre algunos ex colaboradores y sus ex editores. A veces ocurre que lo importante no está en lo que se dice, sino en por qué se dice. Y mientras LI siga en la red (no mucho más), nos atendremos a las normas de discreción y lealtad que se deben a la gente con quien se ha trabajado.

    Jesús · 20 junio 2008, 21:36 · #

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Normalidad · 01:53

«Se hundió, he dicho, y me tragó más o menos hasta el apéndice xifoides, lo cual significa, más o menos, un metro cincuenta de bocado entre las paredes de ladrillo de la compañía de aguas.» Seguir

— Jesús Gómez Gutiérrez

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