Los culpables · 10/10/2017

Sólo hay un culpable de lo que está pasando estos días: la derecha española y sus socios, empezando por el PSOE. Por supuesto, eso incluye al máximo representante de su régimen, Felipe VI, rey de España por gracia de entrepierna e imposición lejana de Francisco Franco; pero lo he sacado de la frase porque el rey apunta directamente a la izquierda política española, el culpable de lo que no está pasando ni, por desgracia, va a pasar a corto plazo.

Durante cuarenta años, un grupo de organizaciones supuestamente republicanas y hasta supuestamente comunistas y anarquistas han dado por buenas las instituciones, los símbolos y la cultura de una monarquía que llegó a golpe de guerra y exterminio. Que no se equivoque nadie. El Reino de España no es hijo de 1939; es 1939. Así se llama nuestro país desde el día en que los Casado y los Besteiro rindieron la República al fascismo: Reino de España. Desde ese punto de vista, Franco fue un simple regente que eligió heredero y lo formó para que mantuviera y reafirmara sus principios en la siguiente fase, la restauración borbónica. Ahora bien, no lo habría conseguido sin la intervención de un grupo de arribistas que tomaron el control del PSOE en el Congreso de Suresnes y el apoyo posterior del entonces secretario general del PCE, Santiago Carrillo. Una dictadura no necesita izquierda; una dictablanda disfrazada de democracia, sí. Ningún régimen sobrevive demasiado tiempo si no tiene la hegemonía cultural y, para conseguirla, la izquierda política debía convencer a sus militantes y electores de que no hay ni puede haber más España que la España monárquica.

Su triunfo es tan indiscutible que las nuevas organizaciones (Podemos) y las no tan nuevas (IU) asumen las instituciones del régimen, actúan desde la lógica del régimen y se colocan bajo la bandera rojigualda con tanta naturalidad como el PSOE. Creen que el Reino de España es su país; no imaginan otro y, si lo imaginan, no están dispuestos a hacer nada por él. En la práctica, regalan el término España a la derecha. No se pueden dirigir al independentismo con una oferta creíble porque hablan desde el origen del problema. No se pueden dirigir a los españoles y convencerlos de que no es España lo que está en peligro porque previamente los han convencido de que esta España es la única posible. Incluso hoy, con todo lo que ha pasado -y no me refiero sólo a Cataluña-, sus intelectuales de pandereta siguen diciendo que la República y la tricolor son cosas viejas de gente vieja o un cadáver al que se honra en voz baja el 14 de abril. Pero todo tiene un precio, y se habrán alegrado mucho con el anuncio de que Puigdemont suspende la independencia, porque el procés mostraba las costuras reales del Estado y horadaba el cuento reformista del discurso del cambio.

Sospecho que algunos de ustedes se habrán tragado el anzuelo de la tensión insoportable que ha estado vendiendo la prensa de esa izquierda. Uno de sus directores decía hace poco que nunca había tenido «tanto miedo» por el futuro, en confesión indirecta pero evidente de que debe de tener muy pocas preocupaciones reales. Sin embargo, la gente real, la que no tiene trabajo, la que ya no llega ni a mediados de mes, la que acaba en prisión por sus ideas políticas, la que sufre día a día las listas negras, la que duerme en la calle y muere sin causar «tanto miedo» a personajes tan sensibles debería haberse alegrado de esa tensión. Durante unos días, el clan que nos oprime estuvo en la cuerda floja. No iba a caer al día siguiente, claro está, pero se estaba creando la base para que cayera. Ahora, y gracias en parte a los buenos oficios sistémicos de nuestros queridos progresistas, respirarán tranquilos. Sólo un rato, eso sí; porque pueden estar seguros de que la República tiene más manos que ayer.


Madrid, 10 de octubre.


— Jesús Gómez Gutiérrez

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Comentarios

  1. Olé tu madre.

    — nines · 18 octubre 2017, 01:47 · #

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