De palancas · 18 enero 2009, 20:46
Madrugada del 18 de enero: Israel declara el alto el fuego en Gaza. 20 de enero: Barak Obama se convierte en el cuadragésimo cuarto presidente de EE.UU. No se puede resumir más ni hay mucho más que decir sobre los motivos del nuevo y siempre penúltimo capítulo de la guerra en Oriente Próximo. Lo demás son los muertos del gran juego. Y ahora, en el intermedio de la obra, otra reconstrucción.
En casos de ocupación militar, la legislación internacional no admite dudas: los gastos de infraestructuras y servicios de la zona ocupada son responsabilidad del invasor. Ésa es una de las muchas leyes que los gobiernos de Israel incumplen sistemáticamente. Entonces, ¿quién financia las pensiones, las carreteras, los hospitales, los colegios, los salarios de profesores, médicos y funcionarios, la red eléctrica, las casas derribadas por misiles y el largo etcétera restante de las necesidades básicas de los palestinos? En primer lugar, la Unión Europea.
Supongo que eso es lo que los maniqueos llaman complicidad con el ocupante por parte de Europa; por lo que también supongo, siguiendo la lógica de ese razonamiento, que Europa no se ganaría más descalificaciones ni generalizaciones absurdas si decidiera cerrarse realmente sobre sí misma y lavarse realmente las manos (cuando ya se es lo peor, no se puede empeorar). Pero mientras los tontos que dicen esas tonterías se quedan a gusto, podríamos devolver algunas cosas al terreno de la razón. Por ejemplo: para tener una UE que actúe como un todo y que merezca como un todo las críticas o los aplausos, tal vez deberíamos tener una y no veintitantas. No es tan difícil de entender. Y para conseguir ese objetivo y que ese todo final esté más cerca de nuestras posiciones que del interés de los bancos y las grandes empresas, tal vez convendría que dedicáramos algún esfuerzo organizativo en esa dirección. Treinta años repitiendo estéticas y fraseologías revolucionarias de hace sesenta, se han demostrado inútiles.
Oriente Próximo, Afganistán, pero también el Banco Mundial, el FMI y los distintos comités de la ONU son espacios que nos enfrentan en calidad de ciudadanos al papel que debería desempeñar la Unión Europea. Sería inconcebible que ante un deber ser tan amplio no nos desesperara un ser tan escaso, al menos en comparación con nuestras expectativas. Pero cuidado con lo que subyace en el griterío de algunas manifestaciones y en el pastiche alternativo: un pensamiento religioso, totalizador, donde la política ha regresado a las garras de la moral y anda en busca de una Iglesia.
«Dadme una palanca y un punto de apoyo y moveré el mundo», dijo Arquímedes. Nota del fabricante: lo que se agarra y lo que se empuja es la palanca.
Madrid, 18 de enero.
— Jesús Gómez Gutiérrez
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