Algo es algo · 25 febrero 2009, 01:38
Poco a poco se va llegando a los paraísos fiscales. Dentro de las medidas que se deben tomar para que pasado mañana o el día siguiente a pasado mañana o vete a saber cuándo, entendido el mañana como meses, años o lo que corresponda, hayamos abandonado la deseconomía del neoliberalismo y estemos en una nueva «economía social de mercado», en palabras de nuestra chica del limes. Y como se va llegando, empezamos por casa.
Resulta que uno de los principales defensores de los paraísos fiscales, si no el mayor, es nada más y nada menos que el régimen de la República Popular China, protector del chanchullo de Hong Kong. Por eso, en cuanto se planteó desde Europa la posibilidad de dar un toque a los que nos quedan más cerca (Luxemburgo, San Marino, Liechtenstein, Mónaco, Gibraltar, Andorra y Suiza), se oyeron argumentos como éste: si atacamos aquí, las grandes fortunas no se verán afectadas porque tienen recursos de sobra para largarse a Asia, donde los camaradas chinos les darán apretones de manos y puros importados de Cuba. En consecuencia, añadían, los únicos que saldrán perdiendo serán los mangantes pequeños, que no tienen capacidad para tanto, y habremos hecho un pan con unas tortas.
Es interesante lo que se puede llegar a definir como pequeño; cualquiera diría que los que abren empresas fantasma en Panamá y las Seychelles, los que se largan a Zúrich de visita de chequera, son indigentes que han birlado diez euros para pagarse el almuerzo. Pero comedias aparte, es cierto que las medidas que se pueden tomar en este asunto serán papel mojado si no se llega a acuerdos comunes por arriba, lo cual obliga a volver a citar a la canciller alemana: «tenemos que desarrollar un sistema de sanciones para aquellos que no cooperen, sean paraísos fiscales o zonas en las que se hacen negocios sin transparencia». Más o menos es lo que se ha aprobado en la reunión de Berlín, aunque el de Downing Street, quién si no, hizo mohínes con el control de los fondos especulativos (nótese que la mitad de los paraísos fiscales del mundo sonríen bajo bandera británica).
La crisis empuja tanto que la propuesta de la Unión ya se apoya en hechos consumados, aunque de momento tímidos y de carácter nacional; por ejemplo, la firma del acuerdo entre Francia y Suiza sobre secreto bancario y el visto bueno de las autoridades de este último país para entregar información del principal banco helvético, UBS, a Estados Unidos. Queda mucho por andar, y no se andará si chinos, rusos, estadounidenses y ciertos emergentes se empeñan en ir de listos. Tampoco son pasos que nos vayan a pagar las facturas a los de abajo, a darnos empleo, a sacarnos del ahogo, a encontrarnos techo hoy. Pero esta vez no nos han llamado imbéciles. Algo es algo.
Madrid, 25 de febrero.
— Jesús Gómez Gutiérrez
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