Ah, ¿no? · 25 julio 2010, 15:02

Madrid, 06.35 h. Voces tras una pared. Seguir

— Jesús Gómez Gutiérrez

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Condicionales · 21 mayo 2010, 02:12

Si tuviera que decir de qué está hecho Seguir

— Jesús Gómez Gutiérrez

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Un mundo de personas · 22 abril 2008, 05:55

La semana pasada, El País publicó un especial sobre mayo del 68. Algún artículo bueno, toda la bazofia habitual de conmemoraciones tan cargantes como ésa y una pieza magistral y muy oportuna de Antonio Muñoz Molina, Praga y Memphis en mayo, que se bastaría para poner punto final al malentendido de Forman si la razón determinara la política. No lo recuerdo sólo por hablar bien de uno de los escritores que más aprecio, sino especialmente por la pregunta, viejísima a estas alturas, que la debacle de ciertas izquierdas en España, Italia, Francia, devuelve como respuesta: ¿qué haría esta gente en Praga? Justificar sus mitos comunitaristas, a toda costa. O lanzarse por el precipicio del izquierdismo. O cambiarse de chaqueta. Pero en cualquier caso dirían y escribirían un millón de estupideces.

Elijan cualquier crisis de los diez últimos años, por ejemplo, y verán que ni han cambiado ni han aprendido. El mismo periodista antiglobalizador que hace hagiografías de dictadores caribeños y las disfraza de entrevista, habría escrito hagiografías de Breznev o de Mao de haber sido entonces lo que es ahora. Cualquiera de los políticos que condenan las críticas a «uno de los nuestros», habría sido un magnífico censor, y a veces un verdugo, en el mundo de la guerra fría. Y todos los que creyeran que esos individuos pueden cambiar algo —positivamente, se entiende— terminarían con un palmo de narices.

Pensaba abrir la boca sobre la única izquierda que interesa, la que está viva y demuestra, más mal que bien, que todavía quiere ser. Pero me voy a aprovechar de un amigo, José Luis López Bulla, cuya voz tiene la extraña costumbre de ser imprescindible en estas cuestiones, para suscribir sus palabras y retrasar unos días mi opinión: ¿La antipolítica, dice usted? . Además, la crisis de la socialdemocracia se deriva en parte de la muerte súbita, y posterior resurrección en forma de bosta, de la otra familia, la que anda llorando por esquinas y cementerios porque huele mal y los votantes no la quieren.

En primer lugar: todo esto se veía venir; se ha advertido una y otra vez a lo largo de los años y ustedes han matado al mensajero una y otra vez. En segundo lugar: su desastre no se deriva de leyes electorales bipartidistas ni del voto útil, por malas que sean las primeras para la democracia y evidente –pero igual, antes y ahora- que sea el segundo. En tercer lugar: aunque mañana recuperen lo perdido, insistirán en los mismos errores y serán igualmente inútiles.

Esa izquierda, que fue la mía, no esconde ni una sola idea en su emplasto de fraseología carca con música new age. Enrique Gil Calvo recordaba a principios de abril, en el periódico ya citado, un hecho que se suele recibir con la táctica del avestruz: esto no es coyuntural. Berlusconi no vuelve a Italia como excepción. Sarkozy no arrasa en Francia como excepción. Zapatero no ha estado a punto de hacer las maletas por casualidad. Lo que empezó en la década de 1980 con la ofensiva neoconservadora y el entierro de la URSS, se está complicando tanto que ya habríamos visto cosas peores si no fuera porque el análisis general de «la izquierda de la izquierda» es rotundamente falso.

No, estos no son tiempos más insolidarios ni menos críticos. Todo lo contrario. Si las sociedades de Europa occidental se deslizan políticamente a la derecha, es porque la izquierda sabe sobrevivir a la derrota, pero no al éxito. Por primera vez en toda la historia, tenemos sociedades de ciudadanos y no de súbditos. Es el gran triunfo de la socialdemocracia. Y he aquí que precisamente hoy, cuando hemos ascendido el primer peldaño de la escalera que buscamos, somos incapaces de reformular la propuesta colectiva desde el punto de vista del sujeto. ¿De qué hablan los Bertinotti, la secta del PCE, los Llamazares? De moral, como los curas. Unos añoran el COMECON, otros se pasan al populismo y el resto se desromaniza y pide ayuda a la pachamama y la tribu.

Termino con una puntualización que me parece crucial: tener ciudadanos libres no significa que los ciudadanos vivan bien. Las clases sociales no han dejado de existir; sólo son distintas. El concepto trabajador no ha desaparecido; sólo se ha roto en mil pedazos. Pero hacer política en un mundo de personas es más difícil que en un mundo de masas; si no cambiamos de eje, le habremos hecho un regalo carísimo y muy gramsciano a los neoliberales: la hegemonía cultural.



Publicado originalmente en La Insignia, de España.
Madrid, 22 de abril del 2008.

— Jesús Gómez Gutiérrez



Comentarios


  1. Hace tiempo que he ido abandonando la costumbre de dejar comentarios. tal vez porque cada vez que me sumerjo en los comentarios de un post o de una noticia en los medios que lo permiten me dan ganas de llorar o vomitar o las dos cosas a la vez (que es bien jodido).
    Sólo decirte que has expresado magníficamente inquietudes que me corroen y para las que tengo escasa respuesta. Creo que debe haber algo más a la izquierda de la socialdemocracia al uso, que impulse políticas avanzadas y menos pacatas, pero creo que ese “más a la izquierda” no pueden ser los restos del naufragio del PCE, que sólo cambian el discrusod e fachada, pero que en cuanto les rascas sale el de siempre. En fin, que gracias, de verdad.

    Daniel · 22 abril 2008, 12:09 · #

  2. Me parece que nos vamos a quedar con las ganas, Daniel, por aquello del dicho: de donde no hay, no se puede sacar. Y no sólo es cosa de España, sino de todas partes y en circunstancias distintas. Al final ha dado igual que los viejos ex PC optaran por soluciones a la italiana, organizaran frentes en plan IU (lo más inteligente en su momento) o se la pegaran a la francesa (mucho trosko, poco seso). No se ha producido ninguna renovación, ni por otra parte hay nada, pero nada de nada, en esa entelequia de la «izquierda alternativa», que sólo es una marca publicitaria de Le Monde Diplomatique o Batasuna, según los casos.

    Pero queda la parte buena del asunto: es una crisis de la izquierda política, no exactamente de la social. Los responsables de la primera sabrán qué están haciendo y adónde quieren llegar con eso, porque de mimbres y base para hacer cosas no nos podemos quejar. Hay de sobra, aunque no en su (estrechísimo) mundo.

    Abrazos,

    Jesús · 23 abril 2008, 01:45 · #

  3. ¿Y qué te parecen las declaraciones de Anguita sobre la refundación de iU?

    — DK · 23 abril 2008, 05:03 · #

  4. Sólo he leído las referencias aparecidas en varios medios de comunicación, no sus propuestas concretas, de manera que dificilmente podría opinar al respecto. Pero se me ocurren tres cosas:

    1) El espacio de IU, como el equivalente de otros países de nuestro entorno, se puede recomponer. Bastaría un poco de seriedad y abandonar las chorradas y barbaridades múltiples (conservadurismo moral, nacionalismos, irracionalismos varios, escasa confianza en el regimen democrático, añoranza de atajos históricos, etc.). En ese sentido, la solidez de políticos como Anguita está más cerca de la solución que del problema. Pero arreglar un instrumento es una cosa, y que sirva para algo, es otra bien distinta. Lo cual nos lleva al segundo punto:

    2) Ni ahora, en plena decadencia de IU, ni en sus mejores tiempos (precisamente con Julio Anguita), se ha propuesto nada realmente útil para gobernar y cambiar la realidad desde ese sector. Insisto; esto no es coyuntural ni se cura con maquillaje. Y como la economía es lo central, te lo pongo como ejemplo: tú puedes despachar la política fiscal de la socialdmocracia como «neoliberal» y quedarte tan a gusto. Desde luego, justa no es. Pero tendrás que ofrecer soluciones, alternativas viables. Y el fracaso de la «izquierda de la izquierda» está ahí, en la falta total de soluciones. Porque en el fondo siguen creyendo que todo consiste en nacionalizar un poco por aquí y por allá y sumar versiones amistosas de los famosos «domingos rojos». Lo cual equivale, por cierto, a mentir a los ciudadanos y a mantener a un sector de la izquierda en el infantilismo.

    3) Dado que su existencia no puede ir más allá –por falta de alternativas- de simple contrapunto a la izquierda que gobierna, harían bien en centrarse en eso. A mí me parece más que suficiente para la salud de la izquierda, que no debe tener una sola voz, y hasta del propio sistema democrático. Pero si es para jugar de «antisistema» desde propuestas fracasadas y renovar la acusación de «socialfascistas» a los PS, mejor que se queden en casa. Eso no es izquierda, es Falange.

    Jesús · 23 abril 2008, 20:38 · #

  5. Me parece facilísimo cargar ahora, como hace Muñoz Molina, contra los ‘pijos’ de mayo del 68. Y me parece aún más fácil hacerlo desde una ‘embajada’ del Instituto Cervantes en Nueva York.

    Es una paradoja tan grande como la de la izquierda actual.

    — Pedro · 27 abril 2008, 01:35 · #

  6. No tengo nada en contra de los comentarios subidos de tono; yo mismo lo subo bastante de vez en cuando. Pero sí os agradecería que al menos tengan algo que ver con los asuntos de fondo. Y no veo qué le quita ni que le suma al artículo de Muñoz Molina lo del Cervantes.

    Bien al contrario, yo diría que lo que escribe tiene mucho que ver con lo que pasa en determinadas izquierdas. Incluso por senderos ocultos. Piensa, por ejemplo, en el asuntejo de IU en Mondragón. ¿De dónde crees que le ha salido esa militancia a IU? Es un tema interesante. ¿Qué tipo de cultura política te parece que han recibido esos niñatos? ¿Qué crees que ha estado sembrando IU en la base, allá donde no tienen que sonreír a las cámaras y a los periodistas? Ponte unas buenas botas de goma y echa un vistazo al alcantarillado.

    Amigo Pedro, el mundo no se ha llenado de supuestos «traidores» a la causa (creo recordar que Muñoz Molina también está entre los miles y miles de ex militantes de IU) porque todos nos hayamos sumado a la confabulación de una «casa común». Aquí han pasado muchas cosas y muy feas. Pero eso es perfectamente olvidable. Lo que no es olvidable es el transfondo práctico de la cuestión. Esa izquierda no ha dado el salto que debió dar en su momento. ¿Lo hará ahora? Ojalá.

    Jesús · 27 abril 2008, 03:56 · #

  7. Es muy sencillo: que Muñoz Molina diga que mayo del 68 fue una ‘boutade’ es como si Aznar apareciera pidiendo respeto al derecho internacional. Dos cosas sensatas, dichas desde un enorme morro. Vamos, que me ha rechinado ver su nombre al lado del de Gil Calvo.

    Por lo demás, creo que lo único bueno que podría pasar tras el batacazo de IU es que la izquierda se ponga ‘a cero’ y vuelva a la calle. Creo que el enriquecimiento del que habla EGC y “que ha convertido a los ciudadanos en competidores arribistas, liquidando su capital social y privatizando la sociedad civil” empieza a romperse y no estaría de más que la izquierda estuviera allí cuando eso suceda. Eso, o seguir llorando por la pérdida de grupo parlamentario.

    — Pedro · 29 abril 2008, 04:04 · #

  8. Sinceramente no entiendo tu inquina con el novelista en cuestión; pero sobre lo que dices al final, tendría que producirse un milagro. Y en política son raros.

    En cuanto a la gente, EGC exagera y comete en ese punto el viejo error de tomar la parte por el todo, porque el “enriquecimiento” no lo ha visto aquí más que un sector de especuladores, grandes y pequeños; el resto son víctimas del modelo productivo neoliberal, que efectivamente, sí, liquida capitales sociales y otras cosas.

    Y ésa es la cuestión. Esa expresión tan turbia para la mayoría, “el modelo productivo”. ¿Dónde está la alternativa? No está, ni aquí ni en ninguna parte. Esa izquierda en concreto no va encontrar respuestas porque está buscando donde no debe. Y la otra, la que gobierna, no puede ir más lejos mientras no desarrollemos mecanismos internacionales (incluidos sindicatos y partidos) que puedan plantar cara. En un mundo que tendrá que ser distinto al viejo y ya muy limitado de los Estados-nación.

    ¿Avanzamos en ese camino? No precisamente.

    PS: Cuidado con confundir las cosas. Hay partes del planeta que todavía pueden avanzar con los trajes de siempre porque parten de una situación mucho más atrasada. A veces se crea el espejismo de que se está haciendo algo nuevo, pero sólo es nuevo allí y se llama, por mucho que le cambien los nombres, socialdemocracia. El problema de las sociedades más desarrolladas, y desde luego de las izquierdas en dichas sociedades, es que ya están al final de esa escalera.

    Jesús · 29 abril 2008, 06:10 · #

  9. UYYYYYY!!!!!! Nada más saludable que desde aquí en el sur (Argentina) leer tus palabras, Jesús, porque acá la izquierda feneció hace tiempo y ya ni pinta en ninguna elección; por no mencionar sociales democracias que nunca tuvimos. En fin, en esta parte del mundo ya se ganaron la hegemonía cultural, a mi criterio porque la masa fue aniquilada junto con la categoría trabajador. El resto tal vez se suicidió, o se hzo travesti. Besos desde el culo del mundo.

    — Mariana · 30 abril 2008, 02:17 · #

  10. Mujer, tanto como en el culo del mundo… aunque sí que estáis algo lejos, por lo menos con los precios actuales de los aviones (que en mi caso son directamente imposibles. Mi presupuesto apenas llega para autobús a Segovia).

    Pero tienes razón con lo de la izquierda argentina. No hay, ni buena ni mala ni regular. Lo cual es hasta cierto punto incomprensible, porque por mucho que la política del país tienda a ser peronismo, más peronismo y un par de cutrerías a lo Evita, hay un gran sector de argentinos que no se siente representado en absoluto por esa enorme y tradicionalísima estafa.

    Pero hay algo bueno, y no es por darse con un canto en los dientes: ahora se ven cosas, dentro, que antes no se veían. Las trampas de siempre ya no les funcionan tan bien. Sólo falta que los “laicos”, por así decirlo, se animen a crear otro tipo de fuerzas políticas.

    Besos (y mucho ánimo),

    Jesús · 30 abril 2008, 04:36 · #

  11. No es inquina. Suelo estar de acuerdo con lo que escribe Muñoz Molina, pero no me gustan algunas de sus opiniones. Sólo eso. Pero tal vez he sido demasiado duro y me disculpo por ello.

    Por otra parte, creo que EGC tiene razón: no se trata, como dices, de la conversión de varios “sectores de especuladores, grandes y pequeños” sino del cambio de signo de un enorme grupo de ciudadanos. Una prueba (flagrante) de ello es la conversión de voto del cinturón rojo de Madrid que el mismo EGC menciona.

    El otro día me llamó la atención escuchar las opiniones de varios vecinos de Leganés, cuyo servicio de limpieza está en huelga. Los jovenes se quejaban de los trabajadores; los mayores, de los empresarios y la Comunidad. Los jovenes apoyaban a Aguirre; los viejos, al currito.

    En mi opinión, esto no es un suceso aislado, sino un cambio de signo en toda regla, asociado (para colmo) a un cambio generacional.

    Se podría argumentar que precisamente de este cambio es sólo responsable la izquierda. O dicho de otro modo: fíjate si han sido sistemáticamente malas la propuestas de la izquierda que los ciudadanos ya prefieren votar las de la derecha. Pero me cuesta creer que sea así. Quiero pensar que es una lectura demasiado simplista y que nos estamos saltando alguna variable importante de esta fórmula.

    — Pedro · 1 mayo 2008, 03:38 · #

  12. Yo no asociaría tan rápidamente el cambio de signo con ese asunto. No en el sentido insinuado por EGC. “Es el nuevo <i>enrichissez-vous</i> que ha convertido a los ciudadanos en competidores arribistas”, dice, como si todos o la mayoría participaran voluntariamente en la engañifa. Pero la mayoría es víctima y no benefactora de un sistema que impide, por ejemplo, el acceso a la vivienda. Y donde el desclasamiento y la “competición arribista” no son anhelos de la gente, sino un hecho puro y duro derivado del modelo productivo.

    Trabajo de la izquierda: dar respuestas a ese modelo. O jugar a la defensiva y hablar de cualquier otra cosa, que es lo que hace.

    Lo mejor del texto de EGC: sitúa el contexto español en uno más amplio, como demuestra hoy, de paso, el batacazo de los laboristas ingleses. También acierta en la afirmación de que no siempre va a funcionar el miedo al PP. El retroceso de la izquierda es tremendo hasta en Andalucía, y sólo se salva, esencialmente, allá donde hasta hace dos días gobernaban los nacionalistas de derechas (como reacción refleja y tal vez coyuntural del electorado).

    En cuanto a los jóvenes, antes eran y hoy siguen siendo mayoritariamente de izquierda y centro izquierda (ver estudios postelectorales del CIS). Pero en cualquier caso, convendrás conmigo en que la gente más joven difícilmente puede ser responsable de un proceso que viene de largo: lo han creado sus mayores.

    Sin embargo, tu comentario apunta a hechos que sí están presentes en las grandes brechas sociales y culturales que se están formando. Si es posible, diré un par de cosas en los próximos días. Y quedas cordialmente invitado a llevarme la contraria ;-)

    Jesús · 2 mayo 2008, 18:25 · #

  13. Realmente, no pretendía culpar a la juventud, sino constatar un cambio de signo progresivo en los colectivos más jóvenes.

    Y no creo que EGC se refiera a una gran mayoría de “competidores arribistas”, sino a un número suficiente como para dar un vuelco a una situación. Y así ha sucedido. Un buen ejemplo es en el ahora denominado “mercado” de la vivienda. En apenas tres décadas, las familias han pasado de comprar una vivienda para vivir, a comprar una vivienda para tener algo seguro en el futuro, a comprar una o varias viviendas para invertir, sin otras excusas. Se ha extendido también la figura del particular que adquiere muchos pisos para convertirse en rentista, un modo de vida antes sólo reservado a las clases más altas.

    De este modo, el ciudadano se hace cómplice, entre otras cosas, de cualquier política que impida que la vivienda sea un derecho social, e incluso se hace promotor de un calentamiento anormal de los precios que redunde en un mayor beneficio propio, aun a pesar de que el “mercado” en cuestión represente una necesidad social, y hasta cierto punto crítica. De pronto, sus objetivos coinciden plenamente con los de los presidentes de las inmobiliarias (pero cobrando mucho menos).

    Así que creo que EGC acierta, en líneas generales.

    En cuanto a colocar el problema en un marco internacional más amplio, creo que tienes toda la razón, como casi siempre ;-)

    — Pedro · 3 mayo 2008, 00:05 · #

  14. Me vas a obligar a dar una pista de lo pretendo decir con eso de “hechos que sí están presentes (…)”. Pero ahí va:

    Eso es un error terrible de EGC. Y tiene mucho que ver con la mala imagen de la izquierda en no pocos sectores. ¿Quién se ha puesto a comprar segundas y terceras viviendas para especular “al por menor”? Mucha gente, desde luego, pero sólo a partir de un nivel adquisitivo: el necesario para poder hacer eso. E incluso de un nivel cultural: el necesario para estar informado de cuándo y cómo. Es decir, los que han jugado a eso no son la mayoría, sino precisamente un grupo social que está lleno de votantes o ex votantes del PSOE y de IU, el de la clase media con posibles, por así decirlo. Cuyos intelectuales siempre tienden a pensar que todo el mundo vive como ellos y que el mundo, en sí mismo, es como ellos. Pero no lo es.

    Así que al final tienes a un montón de pijoteras, muy progresistas, echando la bronca a todos de sus propias culpas. Y cuando hay problemas graves, echando la culpa a los que menos tienen por el delito de ser… lo único que puede ser quién no tiene la vida resuelta ni accede a ese universo tan culto y majete del sector mencionado.

    Cuántos trabajadores conozco que hagan lo que comenta EGC: ninguno. ¿Con qué? ¿Con mil euros al mes? Cuántos profesores, periodistas, profesionales liberales en general, funcionarios, etc.: muchísimos. En esos sí que hay un sector grande de especuladores.

    Así que, con cosas como esta, se van formando disociaciones importantes en la sociedad. Clases medias y altas muy ilustradas, muy informadas para lo que quieren y muy progresistas en lo cultural que se sorprenden porque el mundo no es tan guay como sus vidas. Clases culturalmente altas pero económicamente rotas que renuncian en bloque a la izquierda porque no representa sus intereses y además les ve las costuras. Y clases bajas que empiezan a ser carne de cañón de la extrema derecha porque nadie les resuelve sus problemas y además los insultan.

    Una situación bastante jodida.

    Jesús · 3 mayo 2008, 02:38 · #

Ayuda Textile

Trastienda · 23 julio 2010, 01:47

«La mañana empieza con el zuuuuum del ventilador, situado a metro y medio de distancia y ligeramente inclinado hacia arriba para que refresque los pies del ocupante de la cama, que por la oscuridad casi completa del dormitorio y la pantalla azul del receptor, sin imágenes, se parece a la tabla de surf espacial que utilizaba en el simulador de la Academia.» Seguir

— Jesús Gómez Gutiérrez

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