Pobre Circo · 24/06/2016

Doy por sentado que, a estas alturas del día 24 de junio, la mayoría de ustedes estará bien informada sobre lo sucedido durante las bajuras, es decir, que Gran Bretaña no quiere napoleones. Los especialistas que copan nueve de cada diez tribunas de prensa, todos los platós de televisión y la práctica totalidad de las emisoras de radio les habrán contado el asombroso caso de un país que se volvió xenófobo un jueves y decidió votar contra los amantes de la inmigración que gobiernan Bruselas, gente equilibrada que llena el Mediterráneo con decenas de miles de cadáveres porque las criaturas del mar tienen derecho a comer. Bueno, en ese caso, ya saben lo que ha ocurrido. Sigan contentos y no olviden gritar «¡Que coman pasteles!» cuando vean a una turba delante de su jardín.

A mí, que soy un frívolo, me interesa más lo insustancial. Los famosos, por ejemplo. Prácticamente no hubo ni uno que no pidiera el voto a favor de la UE. Allí estaban los reaccionarios y los progresistas, los tradicionalistas y los avanzados, todos recomendando paciencia o amenazando con plagas y hambre. Cualquiera diría que, como ellos tienen tiempo y dinero de sobra, piensan como personas que tienen tiempo y dinero de sobra; pero sería un cualquiera ignorante, sin suficientes títulos universitarios y, en consecuencia, incapaz de comprender que la lucha de clases es propaganda de la extrema derecha y el Capital, un invento del victimismo. Entonces, ¿por qué se sumaron en pleno a la City, Wall Street, Washington, la OTAN, la banca, las multinacionales y otras ONG de ayuda al refugiado? No les quepa duda: porque creen sinceramente que ese conato de dictadura universal llamado UE es la vía más directa a la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Hoy es un día terrible. Los desarrapados y los que han perdido la esperanza perdieron también la fe en esas personas sanas, de caras limpias y cuerpos más o menos perfectos que trabajan día a día por animarlos un poco. Desde mi punto de vista, ése es el verdadero siniestro del referéndum del 23 de junio. La gente ya no respeta ni el Circo. En su rencor, la mitad de la población británica recordó que es un invento extranjero y le hizo lo que por aquí llamamos una peineta, saludo bárbaro y descortés donde los haya. Qué estará pasando para que la plebe reaccione así.

Madrid, junio.


— Jesús Gómez Gutiérrez

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