Cosas de Ortega · 25/11/2007

«Corría el año 2000 cuando Arnoldo Alemán, entonces presidente de Nicaragua, firmó un pacto con Daniel Ortega para modificar la ley electoral y la Constitución en beneficio de ambos. El hombre que terminaría condenado por enriquecimiento ilícito, lavado de dinero, robo y malversación de fondos públicos se repartió el Estado con el hombre que había hundido una revolución, la sandinista, y abrazado la fe neoliberal.

»Ese mismo año, el Gobierno privatizó la empresa estatal de energía y Unión Fenosa pagó 115 millones de dólares por una concesión en régimen de monopolio. El partido de Ortega no le hizo ascos; desde el fenómeno de la piñata, consistente en regalar propiedades públicas a líderes y funcionarios adictos, apoyó casi todas las privatizaciones y planes de ajuste. Pocos se sorprendieron cuando a principios de 2006 fueron también los votos del FSLN los que permitieron la entrada en vigor del TLC con EE.UU.

»Es posible que Ortega haya aprendido de errores pasados y que su preocupación por la situación energética en Nicaragua sea más sincera que su discurso anticolonialista en el encuentro alternativo a la Cumbre Iberoamericana. Si es así, el país saldrá ganando. Pero si el juego es otro, debería recordar que aquel día sólo hubo un acto multitudinario en Chile, y no fue precisamente su mitin con Hugo Chávez, Evo Morales y el vicepresidente cubano Carlos Lage, a quien se unió Castro por teléfono. Fue el concierto del grupo de rock argentino Soda Stereo.»


Texto perteneciente a la columna América, del diario Público (España, 24 de noviembre).


— Jesús Gómez Gutiérrez

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