Fuera del limbo · 6 de enero de 2008

El caso de Bolivia es ejemplar. 6 de cada 10 personas quieren marcharse del país, con dos destinos de preferencia: España (24%) y EEUU (18%). Pero las circunstancias geográficas se imponen a los deseos y convierten a Argentina y Brasil en dos de los principales receptores: 947.503 y 250.000 respectivamente, según un informe del Centro de Estudios Laborales y Agrarios (CEDLA).

Hasta hace unos años, la emigración interamericana se encontraba en algo muy parecido al limbo. Los emigrantes no se enfrentaban únicamente a las dificultades imaginables por su condición, sino a una ausencia total de estudios y referencias estadísticas que pudieran servir, a su vez, para el desarrollo de políticas asistenciales. Sociólogos, periodistas y políticos latinoamericanos dedicaban sus esfuerzos a problemas situados a diez o veinte mil kilómetros de distancia, tal vez porque ver pajas en ojos ajenos es menos comprometedor que reconocerlas en el propio.

Por suerte, las cosas están cambiando. Hoy se puede abrir un diario centroamericano y leer, por ejemplo, que 15.605 de los 36.000 salvadoreños deportados a lo largo del año 2007 no se encontraron con el muro de EEUU sino con el de México. Al igual que varias docenas de miles de hondureños y guatemaltecos, en una situación que se repite con nacionalidades distintas por todo el continente. Ya sólo falta que, además de ver a los inmigrantes, se reconozcan sus derechos. Pero eso es otra historia.


Texto perteneciente a la columna América, del diario Público.
España, 5 de enero del 2008.


— Jesús Gómez Gutiérrez


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