Causas · 19/11/2008

Oigo voces, no sólo a la derecha, que se alegran del fracaso de Baltasar Garzón en la causa contra los crímenes del franquismo. Ya lo habíamos advertido, es lo que tenía que pasar, vienen a decir; pero gracias a Garzón se han publicado las cifras, ha renacido la esperanza, caben otros caminos jurídicos a falta de los políticos, tan cerrados como la fiscalía de este Gobierno. Si queríamos avanzar, debíamos aprovechar hasta el último resquicio por donde pudiera entrar la justicia. Es lo que ha hecho el juez de la Audiencia Nacional. Lo que no se había hecho desde ninguna de las instituciones.

Habrá que ver si los juzgados provinciales se dan por aludidos y empiezan a admitir las denuncias; habrá que ver la actitud del Ministerio de Justicia y de esa maravilla del CGPJ; habrá que ver lo que sucede si nos fallan y hay que sacar el asunto de nuestras fronteras, para vergüenza de los grandes hombres y mujeres que dirigen nuestro país. Personalmente creo que España no merece lo último. Es posible que tengamos una de las generaciones de políticos más grises de nuestra historia democrática, gentes que ni siquiera reconocen una crisis cuando la ven y que tiemblan ante manifestaciones de obispos, homenajes a monjas y otras aguas menores; pero también tenemos la sociedad más avanzada y laica que hemos tenido, una sociedad perfectamente capaz de juzgar y asumir su pasado.

Los amigos que ayer se llevaron una decepción, una más, deben recordar que esto no se acaba aquí; no estamos en la década de 1980, no todo lo que se mueve depende de los comisariados de los partidos, que quitan y ponen cuando les conviene. El trabajo de las asociaciones, de los voluntarios, incluso de un sinfín de medios de comunicación entre los que se cuenta La Insignia, que no lleva esa estrella ni eligió ese poema de León Felipe por casualidad, demuestra que España existe a pesar de ellos y, a veces, si se empeñan, en su contra. Como decía a finales de octubre, nuestros padres tuvieron éxito al querer hijos sin miedo.

Me vais a perdonar que cambie el tono y me refiera precisamente a esta publicación. Faltan pocos meses para su cierre, tantos como los que faltan para cerrar el círculo de la historia que queríamos contar. Más adelante vendrán las despedidas, los agradecimientos, en fin; pero todo se resume en lo siguiente: si hemos servido a la causa del republicanismo, en calidad de Derecho, laicismo, cultura; si algunos lo entienden mejor que ayer, habrán sido diez años bien gastados.

Madrid, 19 de noviembre.


— Jesús Gómez Gutiérrez

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