Y esta vez, sin Bonaparte · 19/03/2013

Jens Weidmann, presidente del Bundesbank, amenaza a Italia en la revista Focus; si alguien pone fin «a las reformas» o se plantea una salida del euro, los italianos tendrán que «asumir las consecuencias». Horas más tarde, Bruselas receta un rescate a Chipre y provoca el primer corralito de la UE con la excusa de una historia de rusos. No pasará nada, dice. Y no pasa nada. Moscú se enfada de boquilla, los chipriotas pagan el pato y la primera fase del experimento concluye entre cortesías a cuenta de su paternidad que algunos toman, equivocadamente, por recriminaciones: El mérito es suyo, señora. No, es de aquel caballero. Me honra, pero no he sido yo.

Mientras tanto, en el Cementerio Central de Viena, los fantasmas de Wagner, Freud y Schubert, entre otros, se giran hacia los de Karl Kraus y Beethoven. El austriaco le ha dicho al alemán: «De la tercera a la novena y, esta vez, sin Bonaparte»; a lo que el alemán ha contestado, más o menos, que les jodan. «¿Qué significa eso? —dicen los primeros—. ¿Qué tiene que ver con los asuntos de Europa?» Kraus saca un fajo con titulares de prensa correspondientes a década y pico de euro y les da forma de diálogo, terminando en lo de Chipre. «¿Y qué?» —replican. «¿Es que no lo veis? —Kraus se exalta—. ¡Sólo les falta un emperador!». Entonces, Beethoven coge su novena sinfonía y tacha una dedicatoria que, a diferencia de la que tachó en la Heroica, ni siquiera había escrito él: «A la Unión Europea».

Como los fantasmas no existen, la Oda a la alegría suena tiempo después en un Waterloo imaginario. Los oficiales de la UE se miran con extrañeza; cualquiera diría que han aparecido allí por arte de magia, pero la urgencia se impone y hacen lo que pueden: echar mano de la Guardia Imperial. Tras la derrota posterior, todos se preguntan dónde estuvo la Rusia o la «úlcera de España» que acabó con ellos. ¿Lo estarán soñando? Por si acaso, llegan las recriminaciones que algunos toman, equivocadamente, por cortesía: El mérito es suyo, señora. No, es de aquel caballero. Me honra, pero no he sido yo.

Madrid, marzo.


— Jesús Gómez Gutiérrez

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