El mismo juego · 03/05/2008

Hay muchas maneras de fracasar en la construcción de un Estado, pero es posible que la más segura de todas sea ésta: la ausencia de sindicatos libres y de clase. No sólo por su carácter de «institución salarial», en expresión de Bruno Trentin, sino por elementos que a veces se subestiman. El sindicato es el único sujeto político que está presente en la sociedad y en la empresa, y en consecuencia también es el ámbito del que surgen, cuando cumple bien su función, las preguntas y las respuestas necesarias.

La historia del sindicalismo en América se ha escrito tradicionalmente con sangre e incomprensión de su papel. Sobre lo primero se sabe bastante; todavía hoy, el trabajo de sindicalista es el más peligroso en países como Colombia. Sobre lo segundo no se habla ni la mitad de lo que se debería. Entre otras cosas, porque la desconfianza hacia la labor sindical no es patrimonio de la derecha y los empresarios; la propia izquierda americana dista de haber entendido que un sindicato no puede ser correa de transmisión de un partido ni de un gobierno.

En el imaginario de Europa, el 1º de Mayo es una fecha que ha perdido garra; en el de América, un símbolo a conquistar. Pero el juego es el mismo para todos. Se llama tercera revolución industrial, el tablero es el planeta y no avanzaremos mientras sigamos sometidos a barreras nacionales. Por si alguno no se había dado cuenta, el capital no es tan torpe como nosotros.



Aparecido originalmente en el diario Público, de España.
Madrid, 3 de mayo del 2008.


— Jesús Gómez Gutiérrez

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Comentarios

  1. Tiene razón, mi amigo: el capital no es tan torpe como nosotros. Quienes nacimos en el Uruguay a mediados del siglo pasado lo hicimos en una sociedad formada por el capitalismo, uno de cuyos elementos distintivos era la concentración en grandes unidades productivas, en las cuales surgieron sindicatos fuertes capaces de defender los derechos de los trabajadores. Hoy, el capitalismo ha forjado otra sociedad caracterizada por un nuevo formato de empresas con bajo número de trabajadores, el ascenso de sectores de servicios con bajo nivel de sindicalización y la extensión de la informalidad. Hoy podríamos salir como Diógenes con su lámpara a buscar la clase obrera sin encontrarla.

    — Uruguay Ortiz · 9 mayo 2008, 01:51 · #

  2. Estoy muy de acuerdo con el autor, la independencia de clase es fundamental para que la clase trabajadora pueda asumir el rol histórico que le corresponde hacia la transformación de la sociedad hacia un modelo más justo.

    En este sentido, la autonomía sindical es un derecho conquistado que debe ser defendido, el sindicato honesto y clasista se debe exclusivamente a la clase trabajadora y no a otros intereses de factores de poder, llámense partidos, patronos capitalistas ni gobiernos.

    En estos tiempos de globalización del capital, también es imprescindible la ruptura de las barreras nacionales por parte de los trabajadores y la unión de los explotados a escala mundial frente al capital.

    Un saludo.-

    — Tulio Camacho · 9 mayo 2008, 08:49 · #

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