Sólo el libro · 09/01/2008

1. Era cita a ciegas y por motivos profesionales. A las ocho y media en la entrada principal de los jardines de Sabatini. Pero ella, americana, lo entendió a la americana: si es la principal será la mayor, lo que por supuesto la llevó a la irrelevante. Un buen rato después, extrañado por el retraso, tiré de teléfono. Estaba conmigo. Es decir, con otro al que había creído yo, que se llamaba como yo y a quien se había presentado pensando que sería yo. No pregunté si él también esperaba, ni a quién. Vivieron felices, comieron perdices y pude volver a mis asuntos.

2. Beto y José de visita entre navidades y Reyes, Nochevieja incluida. Caminatas, museos, bares, cuestas arriba, cuestas abajo, búsqueda de una secadora, esas cosas. José habló de su novio ruso, que tuvo que largarse de Miami y con quien tal vez venga o vaya a vivir a lugares razonables: Madrid, Buenos Aires. Beto se enamoró de los percebes en un mesón y no dejó ni la sombra. Luego vio la teta junto al ratón de mi ordenador, perfecta para relajar la mano, y buscó dos en la sex shop nueva. No seas nunca hetero: las de verdad van adjuntas a entes imposibles que no contienen, precisamente, agua de mar.

3. Madrugada del lunes al martes, alrededor de las cuatro y media. Página doscientos y pico mil de todas las páginas traducidas desde que me tocó este trabajo, porque el libre albedrío consiste en elegir dirección, cuando se puede, y lo demás es lotería. Hay dos personajes; con cierta intriga, asesinatos, pasiones. Faltan tres horas más sobre el teclado y ella lo besa y él la besa y mira qué bien cuando se oye una especie de crujido y se va la luz. Inútil mirar al SAI, sigla del «sistema de alimentación ininterrumpida», porque se fundió. Y no hay copia de seguridad. Tras diez minutos de inmovilidad en una habitación a oscuras, mirando una pantalla apagada, vuelve la luz y el trasto arranca. No se ha perdido nada. Sólo el libro.

4. A Jordi, que vuelve de recorrer Escocia con ocho colegas más, no le gusta el peinado nuevo de la segunda china del primer chino de Hortaleza en dirección Gran Vía. Pero se lo perdono porque un comentario suyo, de la misma noche, me libra de la opinión política que tocaba. Aquí la tienes, y más vale que te arrodilles: Siouxsie.


— Jesús Gómez Gutiérrez

/


Comentarios

  1. Y yo que tengo una simple pelotita de goma para relajar la mano. Me voy a modernizar.
    Un abrazo,
    L.
    P.S.: Los amantes se perdieron en la oscuridad, no el libro.

    L · 10 enero 2008, 12:53 · #

  2. Es un gran invento, no lo dudes. Me la regaló cierta persona de tu especie y he llegado a la conclusión de que ya no necesito nada más. Ni siquiera se queja del humo, y eso que tiene el cenicero encima.

    Pero créeme: no fueron los amantes (un par de petardos por lo demás), sino el libro. Culpa mía, por la fea costumbre de trabajar sin red.

    Jesús

    J. · 10 enero 2008, 21:36 · #

  3. Pensé que hablabas de un libro real, de tomo y lomo… A mí me encanta que se me pierdan los libros, por el solo hecho de encontrarlos después. Aunque a veces se pierden definitivamente y ahí, en ese instante, los olvido.
    Un abrazo, L.

    L. · 11 enero 2008, 13:07 · #

Ayuda Textile