Lejos del suelo · 02:38

«Malasaña. Sábado. Concentración frente al Ministerio de Justicia. La policía cubre el 45 de San Bernardo mientras los huelguistas, en la acera opuesta, mandan recuerdos a uno de los peores ministros de la historia democrática de España. Paso entre ellos, de camino hacia Gran Vía, y me detengo a escuchar.» Seguir

— Jesús Gómez Gutiérrez

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Cuento de jueves · 02:55

«Hace tiempo había un edificio de metal en mitad de un descampado; poco más que un contenedor, seis metros de despachos, dos de pasillo y quince para salón donde una vez, por timidez mía y por ti que te empeñaste, acepté un papel en una obra. Recuerdo perfectamente cuál, por si lo dudas. Y podría subir al escenario y repetir línea por línea. Fin del contexto.

»Si despejas aquel salón de lo que no te gustaba, queda una nevera con botellines de cerveza, varias filas de sillas de tijera y unos focos. Si me impongo yo la tarea queda casi todo, incluido tu ego de boca para abajo y los objetos mencionados, es decir, lo que teníamos en común. Bebida, asiento, luz. No está mal. Con menos que eso se han escrito grandes historias románticas y dijo ella y dijo él —acotación— y luego dijeron los demás. Bien. Pero este individuo lo dice por un personaje concreto, que llegaba a última hora. Pantalones azules o grises, camisas azules o grises, zapatos negros o marrones y una marca muy determinada de tabaco (esa la sabes).

»Pongamos las nueve de la noche; serían más bien las nueve y media o las diez, aunque las nueve nos valen. Pongamos un mes, enero, y un día, mi cumpleaños. Llueve cuando se abre la puerta y aparece él, más despacio que de costumbre, cabizbajo si hubiera sido de andar cabizbajo, arrugas. Su mujer había fallecido por la mañana y nosotros, que la conocíamos, respondimos con silencio, palabras sentidas, palabras de rigor, incredulidad, abrazos, manos, hielo en tus ojos que la mayoría creyó dolor y unos pocos, aburrimiento.

»Suele ocurrir con el pánico. Cualquiera lo reconoce en sus manifestaciones extrovertidas; en las otras, confunde. Y cuando ya no quedaba nadie salvo tú, yo y una premonición de este jueves, tu pánico se acercó a mi vacío y le exigió tres promesas a cambio de nada. Que tuviera el don de contener las sombras: lo tenía. Que no te alcanzaran nunca: lo consiguió. Que si te alcanzaban, no lo sabrías: no lo sabrás.

»Si despejas el salón, he dicho, eliges lo útil en un sentido puramente instrumental, sin emociones; objetos en el edificio, objetos de carne y hueso, un abridor para una lata y milagros para imposibles. Como tantos, pero a ti se te concede. No me pidas que, además, calle.»



Publicado originalmente en el diario La Insignia, de España. Octubre del 2007.

— Jesús Gómez Gutiérrez

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El mismo juego · 02:01

«La historia del sindicalismo en América se ha escrito tradicionalmente con sangre e incomprensión de su papel. Sobre lo primero se sabe bastante; todavía hoy, el trabajo de sindicalista es el más peligroso en países como Colombia. Sobre lo segundo no se habla ni la mitad de lo que se debería. Entre otras cosas, porque la desconfianza hacia la labor sindical no es patrimonio de la derecha y los empresarios.» Seguir

— Jesús Gómez Gutiérrez

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