Plan, plan · 01/02/2013

(En un bar de Malasaña.)

    El indignado.— Esto no puede seguir así.
    El activista.— Ni esto ni aquello, y ya ve.
    El indignado.— ¡Tienen que presentar la dimisión!
    El activista.— Por esto y aquello, y ya ve.
    El indignado.—¡Pero son delincuentes, corruptos!
    El activista.— Ladrones de baja estofa.
    El indignado.— Y ahora hay pruebas.
    El activista.— Caducables, escondibles, derivables.
    El indignado.— Políticamente, no.
    El activista.— Veremos.
    El indignado.— La oposición sabrá...
    El activista.— ¿Me toma el pelo?
    El indignado.—¡Pues el pueblo! ¡El pueblo tomará las plazas!
    El activista.— Y se volverá a casa a dormir.
    El indignado.— No, no, esta vez es diferente.
    El activista.— Esta vez sólo es otra.
    El indignado.— Tendrán que convocar elecciones.
    El activista.— Quizás.
    El indignado.— No hay más salida.
    El activista.— Un Gobierno de concentración.
    El indignado.— No en estas circunstancias.
    El activista.— Un Gobierno tecnocrático.
    El indignado.— ¡Nadie lo apoyaría!
    El activista.— Europa lo apoyaría. El mercado lo apoyaría.
    El indignado.— No, ni ellos son tan...
    El activista.—¿Corruptos?
    El indignado.— Supongo.
    El activista.— Y más que lo son... plan, plan.
    El indignado.—¿Cree que es un plan?
    El activista.— Un plan para un clan.
    El indignado.— No tirarían piedras sobre su propio tejado.
    El activista.— Sobre sus propios actores.
    El indignado.— Demasiado retorcido.
    El activista.— Puede.
    El indignado.— Habrá elecciones, verá.
    El activista.—¿Y luego?
    El indignado.— Una nueva mayoría.
    El activista.— Del bipartidismo.
    El indignado.— No es seguro.
    El activista.— Lo es.
    El indignado.— Tendrán que cambiar, pactar...
    El activista.— Un Gobierno de concentración.
    El indignado.—¡Inadmisible!
    El activista.— Un Gobierno tecnocrático.
    El indignado.—¡Imposible!
    El activista.— ¡Un rey nuevo!
    El indignado.— ¿Cómo?
    El activista.—¡Una segunda transición, amigo mío!
    El indignado.— Esto no puede seguir así...
    El activista.— ¿Con su juego y sus cartas?

    Madrid, febrero.


— Jesús Gómez Gutiérrez

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