Apoyo mutuo · 22/05/2011

Lo he leído en alguna parte: antes, los medios marcaban la información y las redes sociales la seguían; ahora es al revés. Ni tanto ni tan poco. Descontando el hecho de que ganar una batalla no es ganar la guerra, esa contraposición sólo apunta a la perogrullada de que lo cultural y tecnológicamente caduco no abre camino en términos de información. Cuando los medios tradicionales consigan una posición dominante o encuentren un modelo de negocio que funcione en los formatos nuevos, el panorama será distinto. Y todo cambia. Constantemente.

Lo esencial, o al menos lo que nos debería importar en calidad de ciudadanos, es otra cosa: qué nos ofrece más posibilidades de acceso a una información lo más plural posible y, sobre todo, que nos ofrece más posibilidades de participar y de comunicarnos entre nosotros sin demasiados intermediarios. La respuesta, hoy por hoy, es obvia. Pero sea cual sea el formato, la clave siempre estará en la participación y la comunicación entre la gente; y el objetivo del sistema, de cualquier sistema, siempre será interrumpir toda participación y comunicación que no esté sujeta a su control.

Mientras multipliquemos la inteligencia en las redes, será difícil que estos días acaben en nada; si, por el contrario, reducimos los canales a cinco, seis, siete distribuidores de información y opinión, nos quedaremos con una experiencia para el recuerdo. Hay que escuchar y difundir a los que tengan algo relevante que decir, no a los que griten más alto o dispongan de más facilidades para llegar. Debemos poner nuestros recursos a disposición de la gente, no de nuestra propia sombra. Sólo lograremos un mundo nuevo si entendemos la gran lección de la calle, la ética de la colaboración y el apoyo mutuo.

Madrid, mayo.


— Jesús Gómez Gutiérrez

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