Ni los jueces · 19 de mayo de 2011

Tres horas después, alrededor de la medianoche, la Junta Electoral Central (JEC) confirmaba la leyenda del cartel anti Himmler de la acampada de Sol, No nos representan. Ocho jueces del Tribunal Supremo y cinco catedráticos con sede en el Congreso de los Diputados, del que reciben sueldos, dietas y gratificaciones, sentenciaban que el derecho de reunión es delito de reunión si se pretende ejercer en jornada o prejornada electoral. Justificación jurídica: ninguna, porque los manifestantes no pretenden entorpecer las votaciones ni realizar actos de propaganda en el sentido electoral del término. Intención política: toda, porque sólo se trata de emular a la Junta Electoral de Madrid en el intento de frenar, entorpecer o destruir las movilizaciones surgidas del 15M.
Pero la decisión de la JEC es irrelevante. Nuestra élite puede dictar las sentencias que le venga en gana, acudir a las instancias que estime oportunas y prohibir la tabla del cero y las calcomanías, por ejemplo; es el espectáculo de su club, donde ellos dictan las normas; entre tanto, los demás seguiremos en la cruda realidad y haremos lo que tengamos que hacer. Todavía no han entendido que oponerse de forma activa a la corrupción de la democracia implica desobedecer de forma activa cualquier norma que atente contra los derechos más básicos. Quizás lo han olvidado porque no lo supieron nunca o, quizás, porque no son unos hijos de mala madre. «Las putas insistimos —dicen las amigas de Hetaira—: los políticos no son hijos nuestros.» Ni los jueces.
Madrid, mayo.
También pubicado en Letras de Chile.
— Jesús Gómez Gutiérrez