Tres testigos · 18 de julio de 2013

1. En Príncipe Pío, un globo. Como no va adjunto a un amo y viene rodando hacia mí, que vengo por el Paseo de la Florida, hago lo típico: pegarle una patada. Momentos después, aparece un chaval que se queda mirando el globo. Lo llamo chaval por su cara de chaval, aunque no es más joven que yo. Y sólo lo mira. A distancia. Se para donde el globo se para y lo sigue cuando el viento lo empuja. No hace nada más. No lo intenta coger. Cualquiera diría que salió a Madrid y soltó un globo para ser su testigo y que, como les suele pasar a los testigos que no se apartan de una acción, esa acción se ha tragado su vida.

2. Hace muchos años, en Portazgo, con el último tren desapareciendo en las cocheras (porque Portazgo era entonces la última parada), estaba el rumor de los túneles, estaba el ruido de una escalera mecánica y estaban un chico que iba a la salida y un viejo que no iba a ningún sitio. El viejo, ropa vieja, quintaesencia del vagabundo clásico, tenía la mirada en Tombuctú. Era abandono puro, de dentro hacia dentro y de fuera hacia dentro. Al chico, más que acostumbrado a ver pobreza y exclusión, se le hizo una sombra que aún le dura y que no podrá borrar por muchas palabras que le eche. La realidad es así. Nadie ha dicho que la primera bofetada sea la que marca; pero alguna marca, seguro.

3. Jimmy (Camerún, ¿1977?) también ejerce de testigo. Lo ve todo, desde el suelo; incluidas las concentraciones y marchas de estos años, que llegan, se van y dejan docenas de latas y pasquines en su línea de visión. Cada vez que aparezco con mi tricolor en la camisa, entramos en un debate de ironías cortas que no dura más de un minuto: «¿Será hoy?», «Niet, tío»; «Pues mañana», «¿Y tu madre?». Obviamente, no es nunca; cuando la lucha es un juego de expresión, no vale ni para seguir un globo. Sin entusiasmo, por matar el tiempo, Jimmy se lo recuerda a los pocos que hablan con Jimmy. Al final del día, coge su hato y se va. A la mañana siguiente, coge su hato y vuelve. Le han roto dos dientes en una pelea: no tiene para el dentista.


Madrid, 18 de julio.


— Jesús Gómez Gutiérrez


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