Gorrondrinas · 31 de octubre de 2013

Oh, cuántas cosas pasan todos los días. A un lado, los destructores del mundo o, más concretamente, de la cuarta parte de la población que nunca ha importado nada y de la cuarta que va camino de tampoco; al otro, montones de palabras y de poses. El periódico de hace seis meses es el mismo periódico de hoy. ¿Atentados contra la justicia? Promesas de respuestas duras. ¿Atentados contra la libertad? Promesas de respuestas duras. Y los atentados siguen, eso no falla. Y las promesas se diluyen en otoños que iban a ser calientes y no llegan a templados y todas las estaciones son, promesas mediante, fresquísimas. Pero si no hay revolución (ni reforma ni unas cañas), al menos hay libros del sector huy: Mi experiencia como líder transversal, Tu horizontalidad, mi fortuna, Diez claves del cambio molón y, para los más radicales, El Marx que no engorda. En una librería del centro se ha llegado a vender un ensayo sobre democracia etérea con forma de yate de papel. Hasta se sabe de chicas jóvenes y bien formadas que han pedido autógrafos a viejos especialistas en el corte de pelo del buen Thoreau. Oh, cuántas cosas pasan todos los días. Antes, los diputados de la siniestra citaban a Robespierre; ahora citan a cómicos televisivos. ¿Que la gente muere? Que esperen a las próximas elecciones. ¿Una cuarta parte de la población? ¿Otra cuarta parte de la población? Cuarto y mitad de gambas y chirlas para la paella. Pero al menos se habla, eso sí: de noticias e indignaciones que saltan por las redes en espera de que alguna tumbe el muro y marque lo que los libros de autoayuda para ejecutivos de finales del siglo XX, la diferencia, joder, la diferencia. Y ya ha llegado el frío, el del invierno. Y se irá por donde vino cuando toque. «Y otra vez, con el ala a sus cristales/ jugando llamarán.»

Madrid, octubre.


— Jesús Gómez Gutiérrez


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