En su propia luz · 29 de mayo de 2011

Toma la palabra una compañera de Cáceres, que ha llegado a Madrid tras recorrer las acampadas de Extremadura. Pasan dos o tres minutos de medianoche y la asamblea general debería haber terminado dos o tres minutos antes, pero esta intervención de última hora contiene, desde mi punto de vista, el motivo más importante para mantener la acampada de Sol.

Sol es un símbolo, decimos. Lo es; para España y para los países donde se empieza a seguir su camino. Pero Sol también es otra cosa: es una línea de defensa de todas las acampadas que desaparecerían inmediatamente, disueltas por la policía o por el desánimo, si aquí no supiéramos estar a la altura. Madrid es difícil. Sol es difícil. Y mucho más difícil que resistir en Madrid y Sol es resistir en una capital pequeña o en un pueblo, sin el abrigo de miles de personas, sin la posibilidad de jugar con el apoyo o el rechazo de los medios de comunicación, sin el miedo de las autoridades a una respuesta popular de tal alcance que convierta cualquier antojo represivo en un antojo de coste político alto.

A lo largo de esta noche, los responsables de las comisiones y los grupos de trabajo nos han advertido de las dificultades estructurales y hasta de seguridad que implica el mantenimiento de la acampada. No es ninguna tontería. Pero se podría afirmar que Sol está naturalmente atrapada en su propia luz. No tenemos derecho a marcharnos sin llegar a un acuerdo previo con el resto de las acampadas de España. Sol no es nuestra; ni siquiera es de la gente que más lo sufre, porque no es lo mismo ir de visita o asistir a las asambleas que estar todo el tiempo en una comisión o quedarse a dormir todas las noches. Sol es de Cáceres, es de Granada, es de Ciudad Real. Y lo que vale para Sol, también vale para la Plaza de Cataluña.

En función de las circunstancias, podría ser recomendable un paréntesis o una simple reestructuración, como se ha propuesto. Pero hagamos lo que hagamos, hagámoslo entre todos y con conciencia plena de que la ciudad de Madrid no será jamás, ni en conjunto ni barrio a barrio, ni en esto ni en ninguna otra cosa, sólo ella. Los compañeros de la acampada necesitan más brazos. España necesita a Sol. Demostremos que tenemos la pasión necesaria para hacer algo grande y la lucidez necesaria para que nuestra pasión no estalle, por exceso o por defecto, en la cara de otros.

Madrid, mayo.


— Jesús Gómez Gutiérrez


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