Despéñate · 3 de junio de 2014

El 2 de junio, tras la noticia de la abdicación, hubo gente de buenas intenciones que la relacionó en cuerpo y alma con las elecciones del 25 de mayo. El régimen tiene miedo —decían— y mueve ficha. No, damas y caballeros. Hasta el resultado de las elecciones europeas fue consecuencia de un proceso ya largo. La respuesta del régimen es respuesta a ese proceso y, como cualquiera puede ver ahora, estaba en espera del momento justo. Un Gobierno y su rey pueden ser tan torpes como el que más, pero al Capital, el jefe, le disgusta la imprevisión.

Cuentan por ahí que el secretario general de los socialdemócratas estaba informado al respecto. Menuda perogrullada. Lo estaba él y lo estarían los sátrapas de la UE, el dragón del BCE y hasta el último de los padres, madres, hermanos y primos de las grandes bolsas, las grandes empresas y los grandes países. La familia es lo que tiene. Aunque, volviendo al señor secretario, su posición no era simplemente importante, sino crucial para la abdicación del rey. Al Capital le preocupa que la crisis de los socialdemócratas termine en triunfo de algún sector con veleidades impropias de un socio. Por improbable que parezca, es un riesgo demasiado alto; un riesgo inasumible. De este modo, se asegura su lealtad y condenan a la izquierda, quizá definitivamente, a tener que conquistar el espacio socialdemócrata para conseguir la mayoría.

Todos los caminos tienen sus trampas. Sales una mañana tan seguro de ti mismo que metes el pie en un agujero, te lo cortas de lado a lado y se te va la vida entre amapolas y margaritas, bajo un cielo azul. El camino del Capital no es una excepción. El 2 de junio llamó a toda su cuadrilla y los puso a tapar hoyos con el rey delante, para que no se espante. Pero el viejo topo horada más deprisa y quién sabe si, cegados por la absurda posibilidad de meter el pie en un agujero, dejan de ver el precipicio y se despeñan.

Madrid, junio.


— Jesús Gómez Gutiérrez


Si les gusta lo que leen


/