No realidad · 8 de julio de 2013

Del interior del no coche se baja una no princesa, que cruza la no plaza entre docenas y docenas de no policías sin contar los no secretas y los no francotiradores que están subidos a no azoteas y no tejados. Es el no Madrid, de buena mañana, capital de las no detenciones masivas y el no estado de excepción. La no gente grita a la no princesa (ladrones, canallas, abajo la monarquía) y la no princesa cruza que te cruza hacia un no acto de no cultura. Cuando ya ha llegado, la no policía imparte democracia por el no procedimiento no habitual, aunque en versión suave: Identifíquese, identifíquese, identifíquese. Y así termina todo en un no día más. Por lo menos, en la parte de la no realidad donde hay no testigos; porque en la otra, hubo no esto: un no chico que intenta colarse en el no acto, un no secreta que saca su no pistola y una no pistola que encañona el no estómago del no chico. Hoy, como siempre, viva el Reino. Desde 1939.

Madrid, julio.


— Jesús Gómez Gutiérrez


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